
Alexander Zverev se consagra como número uno del tenis mundial
El circuito de la raqueta global tiene un nuevo monarca. Este lunes, Alexander Zverev escaló hasta la cúspide para convertirse en el trigésimo número uno en toda la historia del tenis profesional. El alemán rubricó así la etapa más brillante de su carrera deportiva, rompiendo de forma definitiva la barrera de los torneos de Grand Slam al conquistar dos títulos de máxima categoría en un margen de apenas cuatro meses: primero se coronó en la arcilla de Roland Garros y, posteriormente, conquistó el cemento del US Open.
Llegar a la cima no representó un trayecto sencillo para el tenista germano. De hecho, se posiciona como el segundo jugador de mayor edad en estrenarse en lo más alto del ranking, alcanzando este hito a los 29 años. En su memoria deportiva aún resuena el duro revés sufrido en 2022, cuando una aparatosa torsión de tobillo durante las semifinales de Roland Garros frente a Rafael Nadal le seccionó los tres ligamentos laterales.
Sin embargo, el obstáculo más complejo que Zverev ha enfrentado trasciende las pistas: convive con la diabetes tipo 1 desde los cuatro años. Durante los partidos oficiales, el deportista emplea un sensor continuo de glucosa y realiza ajustes o inyecciones de insulina en los descansos y cambios de bando. Al alzar el trofeo del US Open, el alemán recordó emocionado los pronósticos desalentadores de los médicos en su infancia y aplaudió la determinación de su madre. "Cuando a tu hijo de cuatro años le diagnostican diabetes y te dicen que su vida y el deporte estarán sumamente limitados, se necesita una madre muy fuerte para decir: 'Mi hijo será lo que él quiera ser’…", rememoró con orgullo.
Aquel diagnóstico infantil aceleró su madurez. A los seis años, ya asumía la responsabilidad de controlar sus niveles de azúcar y aplicarse sus propias inyecciones en el colegio, una autonomía impropia de su edad. Tras hacer pública su condición en 2022, Zverev fundó una organización para respaldar a pacientes con diabetes, con la firme convicción de demostrar que la enfermedad no constituye un freno para competir al máximo nivel mundial.
Hoy, convertido en la máxima raqueta del planeta, el alemán deja un legado que va más allá de las estadísticas. "Si llega a haber un nuevo número uno del mundo con diabetes, sería la persona más feliz del mundo", confesó con optimismo, reafirmando que las grandes metas son totalmente compatibles con una vida plena y disciplinada.





